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| Introducción |
| La contemplación del Universo nos
conmueve, un escalofrío recorre nuestro cuerpo y la voz se
nos quiebra al levantar la mirada. Es entonces cuando la percepción
visual hace que nuestro cerebro; desconcertado, no encuentre una
explicación a conceptos como el tamaño y la edad del
Cosmos. Nos encontramos perdidos entre lo infinito y lo eterno.
Estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas. Tras 14.000
millones de años de evolución, somos decenas de cientos
de miles de billones de átomos organizados, que tienen conciencia
de sí y de su entorno más inmediato. Aunque seres
excepcionales a lo largo de la historia de la humanidad han tratado
de dar una explicación coherente, el Universo con hechos
simples y elegantes, sigue siendo el mayor enigma sin desvelar.
Comprender es inherente al conocimiento humano y además,
esencial para nuestra supervivencia. Por eso no debemos desistir,
tenemos que continuar investigando, aprendiendo, tratar de descubrir
el misterio del Universo.
Cómo empezó todo, debió ser el acontecimiento
más excepcional jamás observado por cualquier criatura
del Cosmos, pero cuando nosotros aparecimos la sesión ya
había comenzado. Al día de hoy tenemos serias dudas
de cómo fue ese comienzo; por más que algunos dioses
se puedan disgustar por ello.
El final puede ser fantástico o terrorífico. Aunque
pensar en la infinitud nos produzca vértigo, también
existe la posibilidad de que el Universo no tenga un final.
Sean atrevidos y acompáñennos. Miremos al cielo...,
está lleno de estrellas.
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